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"Entre juegos e historias que invitan a adoptar las posturas de esta actividad, los más pequeños de la casa aprenden la milenaria práctica favoreciendo su crecimiento".

Leer, hacer música, imaginar, moverse, respirar, cantar, trabajar en grupo son algunas de las actividades de cada clase. El yoga es una manera divertida de desarrollar su potencial creativo y su capacidad de resolver problemas y superar retos.

Es importante el empleo de un lenguaje adaptado especialmente para ellos y se recomienda que realicen la actividad solamente cuando puedan seguir las instrucciones. Esto es, aproximadamente, cuando ya han cumplido los 4 añitos, momento en que es posible que presten atención y logren entretenerse con la dinámica de una clase.

La diferencia principal es la forma en que se presenta la sesión, que se lleva a cabo con juegos, música y narrando historias que mantengan la atención de los niños. De esta forma, la imaginación comienza a trabajar y permite a los chicos adoptar las distintas posturas.

Además de las posturas o asanas también se trabajan la elongación, la inspiración y la exhalación; al terminar, se dejan varios minutitos para relajar los músculos y todo el organismo, tal como se hace en una clase para adultos.

Al introducir al niño en la práctica del yoga se estimula su creatividad, imaginación y sensibilidad, además de que se hace consciente de su conexión con la naturaleza. Conforme va avanzando, desarrolla fuerza, equilibrio, flexibilidad, coordinación física y mental.